Mi historia personal

Mi historia: de un pequeño pueblo a formar emprendedores digitales

Soy Joandry Basullto y hoy les voy a contar Mi historia: como ha sido desde un pequeño pueblo a formar emprendedores digitales por todo el mundo.
Nací en Cuba, Camagüey en una familia sencilla pero bien trabajadora. Mis padres eran solo unos adolescentes cuando llegué al mundo. Viví mis primeros años en el campo con mis padres, a los 5 años cuando empece la escuela mi papá, me llevó a estudiar a un pequeño pueblo llamado Amancio. A los 7 años, cuando él fue enviado a la guerra de Angola, regresé con mi mamá en la comunidad de Najasa, donde pasé el resto de mi infancia.

📘 Educación: la clave que cambió en mi vida
A los 14 años, comencé a estudiar Electrónica en el IPI de Camagüey. Me gradué como técnico y luego como profesor. Con el tiempo, decidí ampliar mis conocimientos en Informática y Educación, obteniendo una licenciatura y una maestría. Desde joven descubrí que enseñar es más que una profesión: es una pasión.

🌎 Cruzar fronteras, abrir caminos
Entre 2011 y 2021 viví y trabajé en Angola, Ecuador, México y finalmente Estados Unidos. Cada país fue una etapa de aprendizaje. No todo fue fácil, pero cada experiencia me preparó para algo más grande: ayudar a otros a desarrollarse personal y profesionalmente.

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Hoy comparto todo lo que he aprendido a través de mi plataforma: JBJYA.com. Allí enseño a personas de habla hispana cómo aprovechar las herramientas digitales para crecer en áreas como:

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No se trata de prometer resultados mágicos. Se trata de darte el conocimiento, la estructura y el acompañamiento para cada uno avances a tu ritmo, con herramientas reales y aplicables.

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Aquí les comparto la historia de mi familia Basulto

Las Siembras del Abuelo Aristides

Introducción

Había una vez, en un tranquilo pueblo llamado El Rincón, en el municipio de Jimaguayú, provincia de Camagüey, Cuba, vivía un hombre sabio y bondadoso llamado Aristides. El abuelo Aristides, esposo de la querida Abuela Hilda, era conocido por su bondad y su habilidad para cultivar la tierra. Sus siembras eran famosas por producir los plátanos más hermosos y los melones más dulces de toda la región. Pero lo que hacía a Aristides verdaderamente especial era su amor por su familia. Tenía diez hijos: cuatro niñas y seis niños, quienes vivían con él en el campo, ayudando en todas las labores diarias.

Desarrollo

El abuelo Aristides siempre decía: «La clave para una buena cosecha y una vida feliz es el trabajo en equipo y el respeto mutuo.» Sin embargo, con diez hijos de diferentes edades, no siempre era fácil mantener la armonía.

Cada día, los niños y las niñas trabajaban juntos en las siembras y cuidaban de los animales. Las tareas se distribuían según las habilidades y la edad de cada uno. Los mayores ayudaban a plantar y cosechar, mientras que los más pequeños se encargaban de alimentar a los animales y regar las plantas. A veces, las diferencias de edad causaban conflictos. Los mayores querían que los más pequeños trabajaran más rápido, mientras que los pequeños se sentían abrumados por las expectativas de sus hermanos mayores.

Un día, Aristides notó que sus hijos estaban discutiendo más de lo habitual. Decidió reunirlos y les dijo: «Recuerden que el trabajo en equipo es la clave para superar cualquier desafío. Cada uno de ustedes tiene un papel importante en esta familia y en nuestras siembras. Y nunca olviden: cuando llueve en los primeros días hay mucho fango o lodo, pero pronto habrá mucha vianda porque el agua es fundamental para la cosecha.»

Los Desafíos y el Trabajo en Equipo

Aristides propuso una nueva forma de trabajar en las siembras: dividirse en pequeños grupos mezclando edades y habilidades. De esta manera, los mayores podían enseñar a los menores y todos aprenderían a trabajar juntos.

El primer desafío fue plantar una nueva fila de plátanos. Los grupos trabajaron juntos, y aunque al principio hubo algunas discusiones, pronto empezaron a colaborar de manera efectiva. Los mayores mostraban a los pequeños cómo plantar las semillas correctamente, y los más pequeños ayudaban a regar las plantas.

El siguiente desafío fue cosechar los melones. Los niños mayores lideraron el proyecto, pero todos participaron. Trabajaron juntos bajo el sol, aprendiendo a escucharse y a respetar las ideas de cada uno.

Resolviendo Conflictos y Aprendiendo Juntos

Con el tiempo, los hijos de Aristides aprendieron a resolver sus conflictos de manera pacífica. Comprendieron que, a pesar de sus diferencias de edad y habilidades, cada uno tenía un papel importante en la familia. Empezaron a respetarse y a valorarse mutuamente.

Un día, después de una larga jornada de trabajo, se sentaron juntos bajo un gran árbol en el jardín. Aristides les dijo: «Estoy muy orgulloso de ustedes. Han aprendido que, trabajando juntos, pueden superar cualquier desafío. Este es el verdadero valor del trabajo en equipo y el respeto.»

Moraleja

La historia del abuelo Aristides y sus hijos nos enseña que, con trabajo en equipo y respeto mutuo, podemos superar cualquier obstáculo. Cada miembro de la familia tiene un papel importante y, al trabajar juntos, podemos lograr grandes cosas. Además, nos recuerda que aunque las primeras lluvias traigan lodo y fango, son esenciales para una cosecha abundante y rica.

Colorín colorado, este cuento se ha acabado.


El Libro Tornasol para Niños: Aventuras y Fantasías Mágicas con Joandry Basulto

Introducción

En un mundo lleno de magia y fantasía, había un pequeño libro tornasol muy especial. Este libro contenía secretos maravillosos sobre cómo hacer que tus sueños se hagan realidad y vivir una vida llena de felicidad. Escrito por el sabio Joandry Basulto, este libro ha sido adaptado especialmente para los niños, para que puedan aprender lecciones valiosas de una manera divertida y mágica.

Capítulo 1: La Llave Mágica de la Felicidad

Había una vez una niña llamada Sofía y su amigo Javier. Un día, mientras exploraban el ático de la abuela, encontraron un libro tornasol brillante. Al abrirlo, una luz mágica los envolvió y los llevó a un mundo fantástico. En este mundo, una llave dorada les habló y les dijo que la felicidad estaba en su interior y que podían encontrarla siendo amables y pensando en cosas bonitas.

Capítulo 2: El Mago de la Gratitud

Sofía y Javier conocieron a un mago llamado Gratitud, quien les enseñó que siempre debían agradecer todo lo bueno en sus vidas, incluso las cosas pequeñas. Les mostró un espejo mágico que reflejaba momentos felices cada vez que decían «gracias». Así, aprendieron que agradecer hace que los días sean más brillantes y llenos de alegría.

Capítulo 3: El Jardín de los Sueños

El libro los llevó a un jardín encantado donde crecían flores de colores que representaban los sueños de todos los niños del mundo. Un hada llamada Esperanza les explicó que para que los sueños florezcan, deben cuidarlos con amor y creer en ellos con todo su corazón. Sofía y Javier plantaron sus propios sueños y prometieron cuidarlos siempre.

La Abuela Hilda no cocinaba solo con ingredientes comunes. No, ella tenía un ingrediente secreto que hacía que todo lo que preparaba fuera simplemente delicioso. Los niños del pueblo siempre estaban intrigados por ese secreto. ¿Serían las especias que usaba? ¿Tal vez el horno de leña? Nadie lo sabía con certeza.

Capítulo 4: El Dragón del Miedo

Un día, encontraron un dragón llamado Miedo que asustaba a todos en el pueblo mágico. Con la ayuda del libro tornasol, Sofía y Javier aprendieron que enfrentar sus miedos los hacía más fuertes. Al hablar con el dragón, descubrieron que él solo necesitaba amigos y comprensión. Al ayudarlo, el dragón se volvió su amigo y protector del pueblo.

Capítulo 5: El Tesoro del Amor

En su última aventura, Sofía y Javier encontraron un mapa que los llevó al Tesoro del Amor. Este tesoro no era de oro ni joyas, sino de recuerdos y momentos felices compartidos con seres queridos. Aprendieron que el amor verdadero es el mayor tesoro de todos y que siempre deben valorar a sus amigos y familiares.

Conclusión

Sofía y Javier regresaron a casa con el libro tornasol, sabiendo que habían aprendido lecciones mágicas que les durarían toda la vida. Decidieron compartir el libro con todos sus amigos para que ellos también pudieran descubrir la magia de la felicidad, la gratitud, los sueños, la valentía y el amor.

Moraleja: Al igual que Sofía y Javier, tú también puedes encontrar la magia en tu vida si mantienes tu corazón abierto y siempre crees en lo bueno. Recuerda agradecer, cuidar tus sueños, enfrentar tus miedos y valorar a tus seres queridos. ¡La felicidad y la magia están dentro de ti!


—Cada vez que cocino —continuó la abuela Hilda—, lo hago pensando en las personas que van a comer mis platos. Cocino con cariño, con dedicación, y con el deseo de que cada bocado les dé felicidad. Ese es el verdadero secreto.

Espero que esta versión infantil del Libro Tornasol inspire a los pequeños a descubrir la magia en sus vidas y aprender valiosas lecciones a través de la fantasía y la imaginación.


Los Sabores Mágicos que Solo Conoce la Abuela Hilda

Había una vez, en un pequeño y tranquilo pueblo llamado El Rincón, una abuela muy especial llamada Hilda. Todos en el pueblo decían que ella era la mejor cocinera que había existido. Su cocina era un lugar mágico, donde los aromas de las especias y los guisos parecían tener vida propia, llenando cada rincón con un calorcito acogedor.

La Abuela Hilda no cocinaba solo con ingredientes comunes. No, ella tenía un ingrediente secreto que hacía que todo lo que preparaba fuera simplemente delicioso. Los niños del pueblo siempre estaban intrigados por ese secreto. ¿Serían las especias que usaba? ¿Tal vez el horno de leña? Nadie lo sabía con certeza.

Un día, un algunos nietos fueron a verla cocinar, entre ellos Yunaiky, Orlandito y Joandry, decidieron averiguar el misterio detrás de las recetas de la abuela Hilda. Fueron a visitarla a su casita de tejas rojas y ventanas con cortinas floreadas. Cuando llegaron, la encontraron cocinando su famoso estofado de pollo, que siempre dejaba a todos con la barriga llena y el corazón contento.

—¡Abuela Hilda! —dijo Yunaiky, la más valiente del grupo—. Queremos saber cuál es tu ingrediente secreto. ¡Tu comida es la mejor de todo El Rincón!

La abuela sonrió y, con un guiño, les hizo una señal para que se acercaran.

—Vengan aquí, mis pequeños —dijo la abuela mientras removía el estofado—. Hoy les voy a contar mi secreto.

Los niños, emocionados, se acercaron más. ¡Al fin descubrirían el gran misterio!

—El ingrediente secreto no es algo que puedan comprar en el mercado —les explicó la abuela—. No es una especia ni una hierba. Mi secreto es el amor.

Los niños se quedaron perplejos. ¿Amor? ¿Cómo podía ser eso?

—Cada vez que cocino —continuó la abuela Hilda—, lo hago pensando en las personas que van a comer mis platos. Cocino con cariño, con dedicación, y con el deseo de que cada bocado les dé felicidad. Ese es el verdadero secreto.

Los niños comprendieron entonces que no era solo lo que se ponía en la olla, sino el amor con el que se hacía. Se dieron cuenta de que la abuela Hilda cocinaba para unir a las personas, para hacerlas sentir bien y para llenar sus corazones, no solo sus estómagos.

Desde ese día, cada vez que los niños ayudaban en la cocina o preparaban sus meriendas, recordaban las palabras de la abuela Hilda. Sabían que lo más importante era hacer todo con amor.

Y así, el sabor mágico de la Abuela Hilda siguió conquistando corazones en todo El Rincón, no solo por lo delicioso de sus platillos, sino por la calidez que ella le ponía a cada uno.

Colorín colorado, este cuento se ha acabado.


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