
En un pequeño pueblo rodeado de colinas, vivía Tito, un niño curioso al que le encantaba jugar, pero que siempre tenía una excusa lista cuando algo no le salía bien. Si se olvidaba de hacer su tarea, decía: “¡El perro se la comió!” Si llegaba tarde al juego, decía: “¡Mi bicicleta se descompuso!”. Pero un día, algo mágico sucedió.
El problema comienza**
Una mañana, mientras Tito jugaba en su habitación, escuchó un ruido extraño proveniente del jardín. Se asomó por la ventana y vio algo increíble: una pequeña criatura peluda y azul, con orejas grandes y una mochila llena de papeles.
—¡Hola! —dijo Tito, asombrado—. ¿Quién eres?
—Soy Max, el recolector de excusas. He venido porque tu bolsa de excusas está demasiado llena, y eso no es bueno.
—¿Mi bolsa de excusas? —preguntó Tito confundido.
—Sí. Cada vez que inventas una excusa, crece una pequeña bolsa invisible en tu espalda. La tuya está a punto de explotar. ¡Pero no te preocupes! Hoy iremos de viaje para vaciarla y enseñarte a vivir sin excusas.
Antes de que Tito pudiera decir algo, Max lo tomó de la mano y lo llevó a través de un portal brillante.
Primera parada: El Valle de la Responsabilidad
Tito y Max llegaron a un valle lleno de flores gigantes. Un anciano sentado bajo un árbol los saludó.
—Bienvenido, Tito. Aquí aprenderás la primera lección: la responsabilidad. Cuando te haces responsable de tus acciones, ya no necesitas excusas.
—¿Cómo lo hago? —preguntó Tito.
—Muy fácil. La próxima vez que cometas un error, en lugar de inventar una excusa, di: “Es mi culpa, ¿cómo puedo solucionarlo?” Verás cómo todo mejora.
De repente, Tito sintió que la bolsa en su espalda se hacía más ligera.
Segunda parada: La Montaña de la Disciplina
La siguiente parada fue una montaña cubierta de nieve. Allí conocieron a un oso fuerte y amable.
—Aquí aprenderás la disciplina, Tito —dijo el oso—. La disciplina es hacer lo que debes hacer, incluso cuando no tienes ganas.
El oso le enseñó un truco: cada vez que Tito quisiera dejar algo para después, debía repetir: “Primero lo hago, después me divierto”.
Tito practicó el truco varias veces y sintió cómo la bolsa de excusas seguía encogiéndose.
Tercera parada: El Lago de la Determinación
La última parada fue un hermoso lago. Una rana saltarina les dio la bienvenida.
—La determinación es lo que te hace seguir adelante, incluso cuando las cosas son difíciles. Tito, cuando sientas que quieres rendirte, recuerda que cada paso te acerca más a tu meta.
Tito respiró profundamente y recordó todas las veces que había abandonado tareas importantes porque creía que eran muy difíciles. Se prometió a sí mismo que, a partir de ahora, lo intentaría hasta el final.
El regreso a casa
Cuando Tito y Max volvieron a su casa, la bolsa de excusas había desaparecido por completo.
—Ahora ya sabes cómo vivir sin excusas, Tito. ¡Es hora de ponerlo en práctica! —dijo Max antes de desaparecer.
Al día siguiente, cuando Tito olvidó estudiar para un examen, en lugar de inventar una excusa, le dijo a su maestra:
—No estudié porque me distraje. ¿Puedo estudiar esta noche y hacer el examen mañana?
La maestra sonrió y aceptó. Tito se dio cuenta de que decir la verdad y tomar responsabilidad era mucho mejor que esconderse tras excusas.
Desde entonces, Tito siguió creciendo como un niño fuerte, disciplinado y determinado, recordando siempre las lecciones del valle, la montaña y el lago.
Fin.

