
En un pequeño pueblo conocido por sus numerosas iglesias y los timajones de agua que lo adornaban, vivía un niño llamado Javi. Era curioso, con grandes ojos brillantes y siempre haciendo preguntas sobre el mundo. Un día, su papá le dijo:
—Javi, tu tío Yoi ha venido a visitarnos. ¡Ve a buscarlo! Tiene muchas historias para contarte.
Javi corrió hacia el jardín, donde su tío Yoi lo esperaba bajo un gran árbol de mango. Yoi tenía una sonrisa serena y siempre llevaba un sombrero de paja. Al verlo llegar, abrió los brazos para darle un abrazo cálido.
—¡Tío Yoi! —gritó Javi emocionado—. ¿Puedes contarme uno de tus cuentos mágicos?
—Por supuesto, pequeño. Hoy no solo te contaré un cuento, sino que te daré tres consejos que te acompañarán toda la vida.
Javi se sentó junto a él, abrazando sus rodillas, y Yoi comenzó.
Primer consejo: No busques cosas, busca respeto
—Había una vez un ratoncito llamado Nilo que vivía en una gran ciudad. Un día, Nilo vio a otro ratón con una bicicleta dorada y un reloj brillante. “¡Quiero eso!” pensó Nilo. Así que trabajó día y noche para conseguir sus propias cosas brillantes. Cuando lo logró, paseaba por la ciudad creyendo que todos lo admiraban. Pero, para su sorpresa, los otros ratones no lo veían con respeto, sino con indiferencia. Un día, Nilo ayudó a un ratoncito pequeño a cruzar una calle peligrosa, y todos empezaron a mirarlo de otra manera. Lo que había ganado con su bondad valía más que cualquier cosa dorada.
—Javi, no importa cuánto tengas. La gente realmente te respetará por lo que eres y cómo tratas a los demás.
Javi asintió, pensando en cómo a veces quería juguetes solo para que sus amigos lo miraran.
Segundo consejo: La humildad vale más que el oro
—En una aldea cercana vivía una tortuga llamada Luma. Luma había ganado una gran carrera contra una liebre muy rápida, y desde entonces todos hablaban de su hazaña. Pero en lugar de presumir, Luma siempre sonreía y decía: “Tuve suerte y trabajé duro, pero también me ayudaron mis amigos”. Un día, una tormenta inundó la aldea, y todos buscaron a Luma para pedirle consejo. La respetaban porque, aunque era famosa, nunca había dejado de ser humilde ni de ayudar a los demás.
—Javi, recuerda esto: si quieres que la gente te admire de verdad, sé humilde. La bondad abre puertas que el orgullo nunca podrá.
Javi pensó en sus propios amigos y cómo a veces había presumido cuando ganaba un juego. Tal vez podía ser más como Luma, pensó.
Tercer consejo: No todo depende de ti
—Y por último, pequeño Javi, te contaré sobre un perro llamado Max. Max era el más rápido en encontrar huesos enterrados. Un día, participó en un concurso de búsqueda, pero llovió tanto que la tierra se volvió un lodazal. Max no pudo encontrar ni un solo hueso. Al principio se sintió triste, pensando que había fallado. Pero luego su amigo Paco, el loro, le dijo: “No fue culpa tuya. A veces, la suerte juega su parte. La próxima vez habrá mejores condiciones”. Max entendió que no todo estaba bajo su control y decidió no juzgarse tan duramente.
—Javi, el éxito no siempre es el resultado de tu esfuerzo, y los fracasos no siempre son culpa tuya. Aprende a ser amable contigo mismo.
Javi miró al suelo, recordando cuando se había sentido mal por perder una competencia de dibujo. Ahora entendía que había cosas que no dependían solo de él.
La reflexión final
Cuando Yoi terminó, Javi lo abrazó fuerte.
—Tío Yoi, tus cuentos no solo son mágicos, ¡también me hacen pensar!
—Y eso es lo más mágico de todo, pequeño. Nunca dejes de reflexionar sobre lo que haces y cómo vives.
Al día siguiente, Javi fue al parque con sus amigos. Cuando ganó un juego, no presumió; cuando perdió, sonrió y dijo: “La próxima vez será diferente”. Y cuando vio a un amigo triste porque había roto su juguete, lo ayudó a buscar una solución. En ese momento, Javi supo que los consejos de su tío Yoi lo acompañarían siempre.
Fin.
